Ponerse en lugar del otro: primer paso para ayudar
Cuando un Doctor Sonrisa se acerca a la habitación de un menor hospitalizado, lo primero que hace es pedirle permiso a él o ella para entrar: lo empodera. Si se lo da, hace un diagnóstico rápido de cuál es la situación a la que se enfrenta, se pone en el lugar del niño o niña e improvisa una acción: empatiza.
Entonces se genera una relación de la que surge una sonrisa, una pregunta o simplemente una palabra. En ese momento, casi de forma automática, los padres responden con otra sonrisa, otra pregunta o una frase.
¿Qué ha pasado en esa breve relación?
Muy fácil, se ha desactivado la relación tóxica que se genera cuando un menor ingresa en un hospital. Se han acabado las caras de desconfianza, miedo e incertidumbre con las que se retroalimentan padres e hijos. Y en su lugar ha surgido una nueva relación basada en lo positivo que casi siempre hay en toda situación.
Cuando nos encontramos ante una situación complicada como puede ser atender a un menor ingresado en un hospital, podemos intentar animarle “a la fuerza”, exagerando, contando chistes, haciendo un alarde de habilidades o, por el contrario, comprender la situación por la que atraviesa, tener en cuenta su estado de ánimo y en general ponernos en su lugar. Nuestros Doctores Sonrisa eligen siempre la segunda
Por eso, cuando un menor es atendido por nuestros artistas hospitalarios, no solamente su estado de ánimo y el de sus padres mejora ostensiblemente, si no que esos minutos que han compartido se recuerdan toda la vida.
En tu mano está que, por 12€, uno de nuestros 32 Doctores Sonrisa elija esa segunda posibilidad y empatice con alguno de los menores ingresados en los 69 hospitales con los que colaboramos. Pero, si te vienes arriba, por 180€ podrás hacer que ese mismo artista dedique 3 horas a cambiar la vida de todos los niños ingresados en ese hospital
¿Nos ayudas?
Haz un BIZUM (donación ONG) al 11255 o Clica aquí y lo estarás haciendo.


