No lo dejes escapar

No hace falta que celebres nada especial, ni boda ni bautizo ni cumpleaños que valga.

Imagina un día cualquiera: te levantas, desayunas, vas al trabajo, discutes o no con tu jefe y por la tarde, vas a ver a un amigo que ha sido operado de algo sin importancia, entras en el hospital, tomas el ascensor y pulsas la tecla del piso 8º.

El ascensor se detiene en la sexta y no te das cuenta. Comienzas a buscar la habitación 817 y sin embargo llegas a la 617.

¡Sorpresa! Allí no está tu amigo, sino que dos ojitos apagados que se clavan en los tuyos con la mirada perdida. Miras a derecha e izquierda y te vuelves a topar con otro par de ojos que trasmiten algo desconocido, pero sin duda preocupante.

Te dispones a pedir disculpas y haces amago de salir de la habitación, cuando llega un personaje un poco inusual que pide permiso para entrar

Antes de que puedas decirle que estás allí por equivocación te percatas de que esos ojitos se han iluminado y que una vocecita le invita a pasar.

Tu desconcierto es total, no sabes que hacer, pero de pronto te ves sumergido en un entorno nuevo en el que compruebas un cambio drástico en el ambiente que respiras.

Puedes marcharte sin decir nada o puedes participar de la alegría que ha inundado esa habitación a la que has llegado por casualidad.

Una realidad

La razón te pide que salgas de allí cuanto antes y dejes a esa familia con ese personaje un tanto cómico. Pero no. Estás siendo testigo de algo maravilloso, incluso aunque se estén riendo de tu patosería.

Finalmente eres consciente de que tu pequeño papel en esta curiosa comedia ha concluido y te despides, pero lo haces de forma muy diferente de cómo lo hubieras hecho si no te hubieses tropezado con ese Doctor Sonrisa. Ya no te vas con los ojos tristes de aquel menor, ahora lo haces con la sonrisa abierta de esa familia al completo y con una lección aprendida: la enfermedad es la enfermedad, pero eso no tiene por qué implicar forzosamente tristeza, siempre hay un ventanuco a la esperanza y a la ilusión.

Cómo participar

Y hoy, mismo, sin esperar ni un minuto, tú puedes contribuir a esa transformación, sin necesidad de que vuelvas a esa habitación. Basta con que apoyes a Fundación Theodora para que envíe a sus Doctores Sonrisas a todas las habitaciones de hospital donde haya un menor con ojos tristes.

Haz un BIZUM (donación ONG) al 11255 o dona aquí. 12€, una visita. Más euros, más visitas.

P.D.: los efectos de tu aportación de hoy duran toda la vida.

         ¡Y no olvides que tu donación es desgravable!

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